Reseña histórica

Hay constancia de la existencia de una Iglesia en la Villa de la Alameda, anexa a la parroquia de San Pedro de Barajas, con la advocación de Santa Catalina, virgen y mártir, ya desde el siglo XVI.

Sufrió un importante incendio en 1782. En 1936 fue utilizada como almacén por el Estado Mayor del Ejército del Centro, bajo el mando del general Miaja, situado en refugios antiaéreos subterráneos construidos bajo el muy cercano Jardín del Capricho –la posición Jaca-.

Después de la guerra la capilla fue atendida pastoralmente por los sacerdotes de la cercana parroquia de Canillejas, hasta que empezó su andadura como parroquia con la toma de posesión de D. Lorenzo Gutiérrez como cura párroco el 15 de mayo de 1968.

Ha sido restaurada y remodelada en varias ocasiones, quedando ya muy poco del antiguo templo del siglo XVI. En 1985 se construyó un nuevo edificio en ladrillo, anexo a la antigua capilla, con varias dependencias, que permitió también agrandar lateralmente la misma capilla para poder satisfacer las necesidades crecientes del barrio. La última remodelación tuvo lugar en 1996, en la que se restauró a fondo y se consolidó el templo antiguo.

Es una de las dos parroquias del barrio Alameda de Osuna que en la actualidad cuenta con unos 20.000 habitantes, según el censo del 2008. Es un barrio situado muy cerca del aeropuerto de Barajas y dependiente de él en muchos aspectos. La mayoría de las viviendas se construyeron entre 1970 y 1980, aunque se produjo un repunte de la construcción entre los años 2002 y 2006 que ha atraído muchos matrimonios jóvenes al barrio. De ahí que la pirámide poblacional tenga dos máximos: uno entre 60 y 64 años, correspondiente a los primeros pobladores que se asentaron en el barrio entre 1975 y 1980, y otro, entre 30 y 34 años, correspondiente a los que han venido a vivir en las nuevas viviendas plurifamiliares surgidas a partir del 2002.

Estas características del barrio se reflejan en la actividad pastoral de la parroquia, muy comprometida con la pastoral prebautismal, la catequesis de niños de iniciación cristiana y los grupos de matrimonios jóvenes.

El equipo presbiteral actualmente está compuesto por:

Manuel Barrios Prieto (párroco)

Felipe Redondo Polo (vicario parroquial)

Cosme Gbetie (adscrito)

José Luis Gómez Toledo (diácono permanente)

 

Diccionario de los Santos  Editorial San Pablo

 (dirigido por C. Leonardi, A. Riccardi y G. Zari)

Las noticias sobre la vida de Catalina nos las proporcionan documentos muy tardíos, el más antiguo de los cuales es la Passio, redactada inicialmente en griego (ss.VI-VIII) y muy conocida a partir del s. IX a través de la versión latina, cuyo contenido en síntesis es el siguiente:

Cuando el emperador Majencio fue a Alejandría, ordenó a todos los súbditos sacrificar a los dioses. También Catalina, joven de estirpe real, entró en el templo, pero en lugar de sacrificar hizo la señal de la cruz. Dirigiéndose después al emperador, le reprendió exhortándole a conocer el verdadero Dios. Majencio ordenó conducir a la joven a palacio. Aquí le pidió que sacrificase, pero ella se negó, invitando al emperador a un debate. Convocó entonces a todos los sabios que, convertidos por Catalina, fueron condenados por él a muerte. Posteriormente trató de convencerla con lisonjeras promesas, pero sin lograrlo, por lo que ordenó flagelarla y encerrarla en prisión. Durante la reclusión fue alimentada por una paloma y visitada por Cristo y los ángeles. También la emperatriz fue a verla en compañía de un oficial llamado Porfirio, el cual se convirtió con otros doscientos soldados. El emperador mandó llevar nuevamente a palacio a Catalina y le renovó las seductoras promesas, pero sin conseguir su objetivo. Pensó entonces en aterrorizarla con la amenaza de atroces tormentos. A tal fin hizo construir un instrumento de tortura consistente en cuatro ruedas provistas de cuchillas afiladas.

Catalina no se dejó intimidar. Arrojada a la horrible máquina, salió ilesa, pero las ruedas se rompieron y provocaron la muerte de muchísimos soldados paganos. La emperatriz trató de interceder ante el marido en favor de Catalina, pero cuando declaró que se había convertido a la fe cristiana le amputaron los pechos y fue decapitada. También Porfirio, que se declaró cristiano, fue decapitado con sus doscientos soldados. Catalina fue sometida a la misma pena. Antes de recibir el golpe mortal elevó a Dios una oración por sus devotos y fue escuchada inmediatamente por el Señor, que le habló desde una nube. Al decapitarla, de la herida salió leche y no sangre. Los ángeles transportaron su cuerpo al monte Sinaí y lo depositaron en un sepulcro del cual, el día conmemorativo de la santa, salía leche y aceite que curaban de todas las enfermedades.

 La Passio se presenta como un conjunto de lugares comunes hagiográficos sin el menor valor histórico. También los intentos de identificar a Catalina con la noble y docta virgen alejandrina que no se dejó seducir por las lisonjas, muerta por fanáticos cristianos, resultan infundados, entre otras cosas por dos razones: porque fue exiliada y no decapitada y porque murió pagana.


Sobre Catalina existen muchos otros textos hagiográficos, también en lengua vulgar. Destacan entre otros, la Conversio, que contiene nuevas noticias, introducidas quizá bajo la sugestión de la mística femenina benedictina, concernientes a la infancia y a los místicos esponsales con Cristo, y la Vita contenida en la Legenda aurea de Jacobo de Vorágine. Cabe señalar además la Vita compuesta en inglés por John Capgrave en torno a 1445.


La fiesta de Catalina se celebra el 25 de noviembre. Su culto, cuyo primer vestigio es una pintura del s. VIII encontrada en Roma, se difundió sobre todo a partir de la segunda mitad del s. X. Popular en el siglo siguiente, especialmente en Francia, se propagó en el s. XII por muchas partes de Europa, entre otras cosas por obra de los cruzados. En el s. XIII las órdenes monásticas más antiguas empezaron a celebrar la fiesta de santa Catalina, costumbre documentada también entre los frailes mendicantes desde su fundación. La Universidad de París la proclamó su patrona. Hoy es protectora de los estudiantes, filósofos, prisioneros, jóvenes casaderas y de cuantos se relacionan por su oficio con las ruedas: carreteros, molineros, etc. La popularidad del culto explica su consistente presencia en la literatura, en el folclore y en las artes figurativas, donde se hallan los atributos iconográficos más comunes: la rueda arpada y la espada, que indican el martirio; la corona, con la alusión a la realeza, y el libro, símbolo de la sabiduría. En España, es patrona de la ciudad de Jaén.

Autor: M. Donnini 

AVISOS

Powered by JoomlaGadgets

527989
Today
Yesterday
This Week
Last Week
This Month
Last Month
All days
157
495
985
426135
9587
13036
527989